Esa imbatible tormenta de preguntas la consume
cabeza en nubes de fiebres la azotan
y los odios al mundo y las exclamaciones de venganza no cuentan de nada
porque el propio cuerpo suyo y propio se reclama
pero no desea un vásatago que la azote con el látigo de su ya dudosa inocencia
rehuye cada año la idea de verificarse hembra por engendrar un demonio
del cual tiene que aprender a convencerse es cruz y sacrificio
y que recompensas celestiales le aguardan una vez que detenga su respiro
mientras tanto como fosco sol el anuncio la atormenta
pues quién podría ser ideal toro para consumar eso que en sus adentros no puede concebir
como bendición sino una burla torrencial del demonio ángel que juega a ser tierno
a prometer ríos calmos y una vida eterna sin las angustias de mantener una vela diminuta encendida
mientras tanto el transcurrir de eso que llaman vida se ríe a carcajadas en los autos contiguos en los sonares de claxons desesperados de no llegar a donde se debe llegar pero que no se quiere llegar
y los avances asquerosos del jefe o del cliente, que tiene que traducirse falsamente como halagos porque la ven sola porque el hombre no está nunca estuvo y ebrio se le ocurrió arrojar la semilla indeseada
y cómo convecerlos si se viste como se viste
si es femenina
si es mujer
allá en el horizonte que nadie percibe ya porque es gratis vislumbra un astro diurno justo a lado de una nube que asemeja el rastro que dejan los autobuses de carga sobre la tierra húmeda
en la víspera llovió a cántaros los cántaros tronaron su barro regresó a sus suelos originarios se empapó el mundo rememorando aquella noche que decidió salir escapar despavorida de casa de madre porque madre no hacía más que insultarla tacharla de puta de loca de inútil ella madre también sin nadie y con esporádicos hombres que prometen el oro de Canaán y demás ilusiones
allá en el horizonte la estrellita se esfuma
Ella prosigue abriéndose paso entre las culebras de autos
y los virus desgraciados que los conducen

